La sombra personal
- Cristina Albo Mulas

- 5 ene
- 5 Min. de lectura

“Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad”.
Carl Gustav Jung.
Dentro de la psicología, el concepto de sombra hace alusión a todos aquellos atributos de nuestra personalidad que rechazamos, algo así como nuestro lado oscuro. El psiquiatra Carl Gustav Jung, en 1945, definió la sombra como lo que una persona no desea ser -y yo añado- pero es. Haremos un duro e instintivo esfuerzo para que estas características “ilícitas” sean imperceptibles para otros o no salgan a la luz, aunque inevitablemente se manifestarán.
Este concepto de sombra se propone desde los modelos de psicoterapia analíticos y se considera uno de los arquetipos básicos del inconsciente. El constructo de arquetipo se refiere a elementos del inconsciente colectivo, piezas que se repiten de modo universal en mitos, relatos, el arte o sueños. Ejemplos de arquetipo son, además de la sombra; el padre, la madre, el viejo sabio, la máscara, la bruja o la doncella, entre otros.
¿Cómo se construye la sombra?
La selección de los elementos que permanecerán en el lado oscuro de nuestra psique se lleva a cabo desde que somos pequeños y pequeñas. Durante los primeros meses de vida podríamos decir que la personalidad se manifiesta con total plenitud, sin esconder cualidades ni atributos. Esto es así hasta que los entornos y normas van limitando y moldeando la expresión de aquello que no será bien recibido en ciertos contextos. El lugar donde se coloca ese conjunto de partes propias de la identidad y que se suprimen, es justo el que ocupará la sombra.
Imaginemos un/a niño/a al que se le regaña o castiga cuándo expresa una emoción o deseo que para los adultos que le cuidan es inoportuno. Cada vez que muestra su rabia, sus celos o su dolor, sus progenitores le castigan, le ignoran o le riñen por ello. Finalmente, el/la niño/a, con el propósito de sentirse merecedor/a del amor de sus padres, meterá esa rabia, celos o dolor en el saco de lo sombreado. A medida que ese/a niño/a vaya creciendo e integrándose en más ambientes, lo restringido será mayor.
Las normas van en aumento y por lo tanto la contención de los impulsos y la sombra también. La parte amable y “civilizada” va a ser más visible pero esto no hará que el resto de partes desaparezcan. Al contrario y en consecuencia, el tamaño de la sombra se agranda con el paso de los años. Así, esa va a ir negándose la existencia una parte cada vez mayor de sí misma a cambio de sentirse miembro de un grupo. Uno de los problemas que esto acarrea es que cuando nos negamos a aceptar algo de nuestra personalidad esta se vuelve hostil. Esa hostilidad hará que el saco que contiene a la sombra se rompa, e irremediablemente esa parte acabe colándose y viendo la luz.
Un ejemplo de sombra en la literatura.
Una novela que ilustra bien el concepto de sombra es la obra de Robert Louis Stevenson, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde". Jekyll, es un hombre cuya apariencia es la de varón victoriano, bondadoso y amable, y que encubre un deseo desmedido de respeto y aprobación social. También manifiesta una inclinación hacia ciertos placeres, y esto era considerado por él mismo el peor de sus defectos. Es así porque podía llevarle a cometer actos de los que se arrepentiría y avergonzaría. Era complicado y culposo para alguien de su época integrar esa tendencia al goce en su imagen de hombre respetable. De esa contraposición entre deseos o partes (deseabilidad social y deseo de placeres) se nutre la sombra, que corresponde con la parte negada.
Es en esa sombra donde nace Mr. Hyde. Cuando toma la pócima que le hace transformarse en Hyde se hace patente que su perversión es mayor de lo que imaginaba, de lo visible. Jekyll afirma que -su sombra- Hyde, es el único ser humano que conoce la maldad en estado puro. Lo curioso de la cuestión es que Jekyll, una vez tomó la decisión de transformarse en Hyde, lo hace propensión. Es decir, tiende a convertirse en él, es engullido y atrapado por su sombra. Una vez que conoce y se deja arrastrar por “el mal”, no puede salir de él.
Si la sombra es sólo parcialmente visible, ¿cómo identificarla?
Es inherente al concepto de sombra que aquello que la compone permanezca oculto, desconocido. En el momento en el que hacemos visible y consciente la sombra, deja de ser sombra, por eso digo que es visible solo parcialmente. Además, por las características de lo que contiene, llegar a iluminar esa oscuridad, puede ser complicado, incluso se puede experimentar como peligroso. Pensemos que nuestra adaptación dependió en gran medida de desterrar ciertos contenidos propios a nuestro lado oscuro.
La cuestión es que como comentaba anteriormente, aquellas partes nuestras que rechazamos terminarán por rebelarse en nuestra contra, como le pasó a Jekyll con Hyde. Antes de que nuestra vida sea controlada por nuestro lado oscuro lo conveniente es conocerlo de manera segura, no amenazante y gradual. Hay algunas pistas, señales o métodos útiles para identificar de esa forma de qué está compuesta nuestra sombra y aprender sobre ella. Además por supuesto, de un proceso de psicoterapia.
1. El feedback de los demás.
¿Cómo nos ven los demás? La descripción que otros pueden hacer de nosotras/os, de cómo nos perciben, es una forma muy eficaz de tomar conciencia de nuestra sombra. Cuando hablo de los demás, me estoy refiriendo a personas que nos conocen bien.
2. El contenido de nuestras proyecciones.
La proyección es un mecanismo inconsciente que se da cuando se activa una característica de nuestra personalidad de la que no estamos siendo conscientes. Por la acción de este mecanismo percibimos en los demás algo que forma parte de nosotros pero no reconocemos nuestro. Es por ello que identificar nuestras proyecciones va a ser tan útil para conocer nuestra sombra. Podemos pararnos a pensar qué rasgos o actitudes -tanto positivas como negativas- nos desagradan en los demás. Aquellas características que más fervientemente nos disgusten, es probable que formen parte de nuestra sombra.
3. Atender a los lapsus.
Aquello que decimos “sin querer haberlo dicho”, aquello que se nos escapa o aquello que dijimos “sin pensar”, tiene también que ver con la sombra. No olvidemos que la sombra es en cierta medida aquello que queremos ser pero que no nos atrevemos a ser. Entran en este mismo cajón aquellas acciones que llevamos a cabo “sin querer”, para las que no encontramos explicación y dejan sorprendido/a quien las presencia.
4. Investigar nuestro sentido del humor.
El sentido del humor suele dejar en evidencia más de lo que a simple vista parece. Tanto es así que habitualmente, quien se manifiesta a través de él es la propia sombra. De hecho, aquellas personas que reprimen su sombra suelen carecer de sentido del humor. Si nos paramos a analizar aquellos chistes o bromas que nos resulten graciosas, podremos profundizar en la toma de conciencia de nosotras/os mismas/os.
5. Analizar nuestros sueños, ensueños y fantasías.
Durante los sueños aparece nuestra sombra. Suele presentarse tomando la figura de alguien que nos genera miedo, incomodidad y de quien escapamos. Nuestra tendencia es evitar la sombra, así que durante el sueño también lo haremos, igual que en la vida consciente.
Durante los ensueños y momentos de fantasía cabe preguntarse también por este arquetipo, ¿con qué fantaseamos? Esos contenidos pueden revelarnos de qué está hecha nuestra sombra y por lo tanto conocernos a nosotras/os mismos/as.
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